La oscuridad de la noche, invadía la ciudad, el fresco
viento de Abril acariciaba las suaves copas de los árboles, susurrándoles el
secreto, la maravilla de unos increíbles ojos marrones, que parecían fundir mi
alma, parecían moldearla de nuevo.
¿Era yo? ¿o su mirada me envolvió de tal manera que pude
sentirla hasta en los huesos? ¿Era el frío? ¿Era la soledad calando en mis
venas? ¿Qué era? Y una vocecita dentro de mi, pareció escuchar mis más
profundas confusiones, mis mareos constantes.. “¡Tonta!” gritó mi otra yo,
fulminándome con su mirada… “Aléjate de él… aléjate que solo es una ilusión”
siguió hablando mi subconsciente, mandando choques de realidad a todo mi
cuerpo, reviviéndolo, trayéndolo a la dimensión correcta.
Y recuerdo que, cuando al fin choqué de lleno contra la
realidad, la sorpresa comenzó a invadir cada célula de mi cuerpo, dejándolas
paralizadas, sin aliento. ¿Estoy soñando? ¿Divagando? ¿Acaso mis demonios han
decidido darme una tregua, mandándome tan bello sueño?
-¿Te encuentras bien?- susurró, aquél bendito sueño-
-¿me encuentro bien?- dije, mientras miraba hacia el
infinito, perdiéndome en la profundidad de mis pensamientos-
-Te encuentras, tan sola como la noche que ahora nos
envuelve ¿verdad?-
Giré mi mirada lentamente hacia él. Había dado en el
blanco, había acertado a la primera mirada, a la primera sonrisa. En el preciso
momento en el que decidió sentarse, en aquella sucia banca, había acertado. Sonreí secamente, mientras los recuerdos, los
demonios amenazaban con volver. Y ese dolor tan conocido, comenzaba a darme
suaves empujones, de nuevo hacia a la soledad, hacia el vacío. Abracé mis
piernas de nuevo, llevándolas hacia mi pecho, mordiéndome el labio, tratando de
contener aquel sollozo, aquellas exclamaciones, aquellas tantas cosas que día
con día, lentamente, me mataban en vida.
-He estado sola por tanto tiempo, que me he vuelto amiga
de la soledad, del silencio… ellos son mis confidentes, pero dime, ¿Qué vas a
saber de eso? ¿Tu? Una persona con luz propia, con chispas a su alrededor…
alguien como tú, que nunca está solo ¿Qué puedes saber de cómo me encuentro
yo?- susurré débilmente, tragándome miles de lagrimas, miles de dolores-
-¿Qué puedo saber yo? ¿Qué puede saber Michael Jackson al
respecto? ¿Cierto? ¿Crees que jamás conoceré la soledad? ¿Crees que no chocaré
de lleno con ella? Piensas que por ser quien soy, ¿me vuelvo inmune a ella?-
Su mirada encontró la mía, fundiéndome de nuevo, dándome
calor, dándome suaves caricias al corazón. Cerré mis ojos, disfrutando de
aquella sensación, de aquella caricia, que su alma le había dado a la mía, y
cuando los abrí de nuevo, miré profundamente aquel par de perlas achocolatadas,
disfrutando de su calidez, de su dulzura, perdiéndome en un paraíso marrón.
Me perdí en sus ojos por un poco más de una eternidad, y
el pareció hacer lo mismo conmigo. Y me
di cuenta, que dentro de ese paraíso achocolatado, había un millón de matices,
un millón de sensaciones. Encontré unos cuantos atisbos de dolor. Un leve rastro
de miedo, y en un rincón escondido, pude notar, la soledad, disfrazada, camuflajeada.
Si, pude notarla, brillando dolorosamente latiendo con desesperación.
-Me encuentro tan solo como tú, e incluso más- dijo
suavemente-
-Yo… lo sé-
Y un máximo sentimiento de protección había surgido en lo
más profundo de mí. Y las ganas de cuidarlo, de protegerlo, fueron casi feroces
dentro de mí, cuando su mirada volvió a chocar de lleno contra la mía. Mis
sentimientos, mis demonios y pesadillas quedaron de lado, cuando pude apreciar
el miedo en aquella mirada divina, manchándola, inhibiéndola.
-Puedo entenderte, porque vivo la soledad día a día, en
carne propia. Estoy rodeado de un mar de gente, de masas de gente, y sin
embargo… me encuentro solo, dolido y con miedo, con la tristeza embargando mi
corazón, pudriendo mi alma, cada noche. Te entiendo porque yo también tengo
demonios, porque cada madrugada vuelven a aterrorizarme, cada atardecer
aparecen a humillarme. Comprendo lo que sientes, porque el dolor, también ha amenazado con matarme, porque las lágrimas
ya no alcanzan para sacar todo lo que tengo por dentro. Vivo en un constante
estado de oscuridad, donde la única luz en mi vida es la de los reflectores, la
única luz en mi vida, es la que aparece en cada escenario, en cada flash.. Estoy
vacío por dentro, y ¿sabes? Eso es lo que más duele-
Y sus ojos comenzaron a brillar, tomaron un brillo
especial, que después me impidió ver la claridad de aquellas hermosas perlas
marrones. Me di cuenta que eran lagrimas, lagrimas las que atravesaban su
mirada, impidiéndome el paso a su alma, lagrimas fortaleciendo a aquellos
demonios que, de pronto, parecían rodearnos a ambos, martirizándonos,
consumiéndonos poco a poco.
Y no me inhibí cuando, tomé su mano entre la mía, no me
avergoncé cuando entrelacé mis dedos con los suyos, y no pensé en mas, cuando
le dediqué una reconfortante sonrisa.
-¿Podrías creerme, si te digo lo increíblemente fuerte
que eres?- le dije suavemente, sonriendo una vez más-
-¿Lo soy?- susurró débilmente-
-Lo eres, y te admiro muchísimo por ello Michael-
Pronunciar su nombre, era como un dulce suspiro, como si
en mi boca hubiera un caramelo, dispuesto a ser fundido. Era maravilloso decir
su nombre, decírselo a él, a aquél bendito sueño.
-Te admiro porque, a pesar de todo lo que acabas de
contarme, a pesar de esa carga que esta sobre tus hombros, sobre tu alma… la
sonrisa en tu rostro vuelve a la vida a millones de personas, porque a pesar de
estar muriendo lentamente, en tu mirada no hay más que amor, nada más que dulzura
y cariño. Puedo verlo justo ahora. Creo que eres una persona maravillosa, no
necesito conocerte toda una vida, para saber que eso es cierto-
La sonrisa que me dedicó después, fue como un baño de
magia pura, fue un trago de éxtasis puro, mil suspiros salieron de mi garganta.
El aire no brotaba con facilidad hacia mis pulmones, pues esa sonrisa,
paralizaba todo, el viento, la noche, mis miedos, mis demonios. Cada una de mis
terminaciones nerviosas emitía electricidad, vibraban de alegría.
-¿Sabes? Tú
también eres fuerte, muchísimo, en tus ojos hay tantos miedos, y dolores… y sin
embargo, esa armadura tuya que tienes, esas bonitas acciones que tienes, de
consolar a la gente, de reconfortarla a pesar de tus inseguridades, te hacen
increíblemente fuerte… eres una buena persona Lucía… me ha gustado mucho
conocerte, al menos esta noche no será tan oscura-
Pude sentir cada gota de sangre subir hacia mis mejillas,
pude sentir los nervios invadir mi cuerpo, y esas desesperadas y locas ganas de
sonreír como tonta, invadieron mi ser.
¿Qué sabía yo? ¿Qué sabía yo acerca de aquél bendito
sueño de ojos marrones? ¿Cómo iba a imaginar alguna vez la increíble y
maravillosa persona que resultó ser? Mi subconsciente me sonrió dulcemente,
aprobando aquél maravilloso encuentro, dándole la razón a esa hermosa sensación
de paz, que mi alma sentía.
De pronto, los demonios quedaron olvidados, y las
pesadillas quedaron enterradas en el rincón más oscuro de la noche, que ahora,
comenzaba a desaparecer sutilmente, suavemente, dándole la bienvenida al
hermoso amanecer… Poco a poco la noche se llevaba los restos de la noche, los
restos de mis lágrimas y miedos, dejándome solo la paz, la esperanza, y un par
de ojos marrones preciosos.
Miré a Michael, al sueño divino, admirándolo una vez más,
apreciando su rostro, su hermosa sonrisa de diamantes, sus ojos de chocolates,
y aquellos divinos rizos tan perfectos. Era una locura, una verdadera locura,
que, justo en medio de mi abismo personal, en el punto máximo de mi agonía,
aparece él, rescatándome, consolándome, con un par de perlas marrones, y una
sonrisa de ángel, con una voz celestial.
-Ya va a amanecer- y un ruidoso suspiro salió de su linda
boca de cereza-
-¿Debes irte?- me sorprendió la decepción y tristeza que
embargó mi ser-
-Sí, supongo que sí, no creo que sea buena idea estar
aquí, cuando el mundo empiece a funcionar de nuevo- dirigió su mirada hacia mí,
con esa hermosa sonrisa que me derretía-
-Tienes razón… yo también debo irme, supongo-
Bajé la mirada a mis manos, y suspiré pesadamente,
controlando aquella horrible sensación de pérdida, tratando de alejar de nuevo
a la soledad que, poquito a poquito, comenzaba a romper mi burbuja de nuevo.
Él se puso de pié, y me tendió su mano. Lo miré durante
unos segundos y sin dudarlo, tomé su mano, poniéndome de pie también. Volviendo
a la realidad, regresando de aquella hermosa nube.
-¿necesitas ir a tu casa? Puedo llevarte, si quieres-dijo
tímidamente, sacándome un suspiro-
-No, gracias, mi casa es muy cerca. Será mejor irme caminando-
¿Para qué? ¿Para qué alargar aquella tortura? ¿Para qué
hacer más largo lo inevitable? Su desaparición. Su huída, su fuga… Sería mejor
terminar aquí, será mejor, que el sueño termine donde comenzó, y que la nube
desaparezca donde se creó.
-Oh, bueno. Entonces, me marcho… Lucía, gracias en
verdad. Yo se que las hadas de la noche, te han mandado, para darle un poco de
luz a la noche, para cerrar un poco aquel abismo en el que comenzaba a
hundirme, gracias- y la ternura de su mirada, casi me desarma, casi me deshace-
-No Michael, has sido tú el que ha hecho todo ¿vez?
Estaba a punto de morir ahogada en mi misma, y si no fuera por ti,
probablemente hoy no habría Lucía-
Sonrió tímidamente, y me dedicó aquella hermosa mirada de
chocolate, que comenzaba a adorar. Y sin previo aviso, sus brazos se ciñeron
alrededor mío, y me fundió en un cálido y hermoso abrazo. Abrí mis ojos como
platos, presa de la sorpresa que, poco a poco se fue transformando en dicha, en
paz. Lo abracé también dulcemente, respirando profundamente su aroma, un
delicioso aroma a perfección, a dulzura, a mariposas.
Lentamente y sin muchas ganas, me separé de él, de su
perfecta chaqueta negra inundada de aquél maravilloso perfume.
-Gracias de nuevo, Lucía.-
-Michael… nos vemos, por favor, sigue así de brillante,
brilla como nadie lo ha hecho-
Me sonrió de nuevo de aquella manera, que comenzaba a
gustarme, y mucho. Dio media vuelta y se alejó, poco a poco, de mí, de nuestra
burbuja, de aquella nube que él trajo para mí. Y la sensación de pérdida de
hizo más fuerte entonces, los suspiros atorados en mi garganta comenzaron a
salir, dejándome sin aliento, yéndose con él, con aquél hermoso sueño divino.
Cerré mis ojos por un momento, di media vuelta y comencé
a alejarme también, apreciando los primeros rayos de sol, chocando contra mi
espalda, iluminando el nuevo día que comenzaba a mostrar su rostro. Suspiré de
nuevo, recordando aquella mirada, aquella sonrisa… aquella voz… y sonreí de
nuevo.
Supe entonces, que pasara el tiempo que pasara, el
recuerdo de Michael siempre quedaría en mi memoria, siempre estaría ahí,
estancado en mi alma, en mi mente, recordándolo cuando sea necesario, cuando me
hiciese falta una mirada tierna, una sonrisa perfecta… ahí lo tendría.
Supe entonces, que pasara el tiempo que pasara, el
recuerdo de Michael siempre quedaría en mi memoria, siempre estaría ahí,
estancado en mi alma, en mi mente, recordándolo cuando sea necesario, cuando me
hiciese falta una mirada tierna, una sonrisa perfecta… ahí lo tendría.
Seguí caminando por las frías calles de L.A, sonriendo
como boba, como tonta. Suspirando, de vez en cuando.
SI, aquel día, iba a ser bueno… muy bueno, y
todo gracias al chico de ojos marrones, todo gracias a Michael, Michael Jackson.
0 comentarios:
Publicar un comentario