CAPITULO 2: “Se fue muy Pronto”



La oscuridad de la noche, invadía la ciudad, el fresco viento de Abril acariciaba las suaves copas de los árboles, susurrándoles el secreto, la maravilla de unos increíbles ojos marrones, que parecían fundir mi alma, parecían moldearla de nuevo.

¿Era yo? ¿o su mirada me envolvió de tal manera que pude sentirla hasta en los huesos? ¿Era el frío? ¿Era la soledad calando en mis venas? ¿Qué era? Y una vocecita dentro de mi, pareció escuchar mis más profundas confusiones, mis mareos constantes.. “¡Tonta!” gritó mi otra yo, fulminándome con su mirada… “Aléjate de él… aléjate que solo es una ilusión” siguió hablando mi subconsciente, mandando choques de realidad a todo mi cuerpo, reviviéndolo, trayéndolo a la dimensión correcta. 

Y recuerdo que, cuando al fin choqué de lleno contra la realidad, la sorpresa comenzó a invadir cada célula de mi cuerpo, dejándolas paralizadas, sin aliento. ¿Estoy soñando? ¿Divagando? ¿Acaso mis demonios han decidido darme una tregua, mandándome tan bello sueño?

-¿Te encuentras bien?- susurró, aquél bendito sueño-
-¿me encuentro bien?- dije, mientras miraba hacia el infinito, perdiéndome en la profundidad de mis pensamientos-
-Te encuentras, tan sola como la noche que ahora nos envuelve ¿verdad?-

Giré mi mirada lentamente hacia él. Había dado en el blanco, había acertado a la primera mirada, a la primera sonrisa. En el preciso momento en el que decidió sentarse, en aquella sucia banca, había acertado. Sonreí secamente, mientras los recuerdos, los demonios amenazaban con volver. Y ese dolor tan conocido, comenzaba a darme suaves empujones, de nuevo hacia a la soledad, hacia el vacío. Abracé mis piernas de nuevo, llevándolas hacia mi pecho, mordiéndome el labio, tratando de contener aquel sollozo, aquellas exclamaciones, aquellas tantas cosas que día con día, lentamente, me mataban en vida.

-He estado sola por tanto tiempo, que me he vuelto amiga de la soledad, del silencio… ellos son mis confidentes, pero dime, ¿Qué vas a saber de eso? ¿Tu? Una persona con luz propia, con chispas a su alrededor… alguien como tú, que nunca está solo ¿Qué puedes saber de cómo me encuentro yo?- susurré débilmente, tragándome miles de lagrimas, miles de dolores-
-¿Qué puedo saber yo? ¿Qué puede saber Michael Jackson al respecto? ¿Cierto? ¿Crees que jamás conoceré la soledad? ¿Crees que no chocaré de lleno con ella? Piensas que por ser quien soy, ¿me vuelvo inmune a ella?-

Su mirada encontró la mía, fundiéndome de nuevo, dándome calor, dándome suaves caricias al corazón. Cerré mis ojos, disfrutando de aquella sensación, de aquella caricia, que su alma le había dado a la mía, y cuando los abrí de nuevo, miré profundamente aquel par de perlas achocolatadas, disfrutando de su calidez, de su dulzura, perdiéndome en un paraíso marrón.
Me perdí en sus ojos por un poco más de una eternidad, y el pareció hacer lo mismo conmigo.  Y me di cuenta, que dentro de ese paraíso achocolatado, había un millón de matices, un millón de sensaciones. Encontré unos cuantos atisbos de dolor. Un leve rastro de miedo, y en un rincón escondido, pude notar, la soledad, disfrazada, camuflajeada. Si, pude notarla, brillando dolorosamente latiendo con desesperación.

-Me encuentro tan solo como tú, e incluso más- dijo suavemente-
-Yo… lo sé-

Y un máximo sentimiento de protección había surgido en lo más profundo de mí. Y las ganas de cuidarlo, de protegerlo, fueron casi feroces dentro de mí, cuando su mirada volvió a chocar de lleno contra la mía. Mis sentimientos, mis demonios y pesadillas quedaron de lado, cuando pude apreciar el miedo en aquella mirada divina, manchándola, inhibiéndola.

-Puedo entenderte, porque vivo la soledad día a día, en carne propia. Estoy rodeado de un mar de gente, de masas de gente, y sin embargo… me encuentro solo, dolido y con miedo, con la tristeza embargando mi corazón, pudriendo mi alma, cada noche. Te entiendo porque yo también tengo demonios, porque cada madrugada vuelven a aterrorizarme, cada atardecer aparecen a humillarme. Comprendo lo que sientes, porque el dolor, también  ha amenazado con matarme, porque las lágrimas ya no alcanzan para sacar todo lo que tengo por dentro. Vivo en un constante estado de oscuridad, donde la única luz en mi vida es la de los reflectores, la única luz en mi vida, es la que aparece en cada escenario, en cada flash.. Estoy vacío por dentro, y ¿sabes? Eso es lo que más duele-

Y sus ojos comenzaron a brillar, tomaron un brillo especial, que después me impidió ver la claridad de aquellas hermosas perlas marrones. Me di cuenta que eran lagrimas, lagrimas las que atravesaban su mirada, impidiéndome el paso a su alma, lagrimas fortaleciendo a aquellos demonios que, de pronto, parecían rodearnos a ambos, martirizándonos, consumiéndonos poco a poco.
Y no me inhibí cuando, tomé su mano entre la mía, no me avergoncé cuando entrelacé mis dedos con los suyos, y no pensé en mas, cuando le dediqué una reconfortante sonrisa.

-¿Podrías creerme, si te digo lo increíblemente fuerte que eres?- le dije suavemente, sonriendo una vez más-
-¿Lo soy?- susurró débilmente-
-Lo eres, y te admiro muchísimo por ello Michael-

Pronunciar su nombre, era como un dulce suspiro, como si en mi boca hubiera un caramelo, dispuesto a ser fundido. Era maravilloso decir su nombre, decírselo a él, a aquél bendito sueño.

-Te admiro porque, a pesar de todo lo que acabas de contarme, a pesar de esa carga que esta sobre tus hombros, sobre tu alma… la sonrisa en tu rostro vuelve a la vida a millones de personas, porque a pesar de estar muriendo lentamente, en tu mirada no hay más que amor, nada más que dulzura y cariño. Puedo verlo justo ahora. Creo que eres una persona maravillosa, no necesito conocerte toda una vida, para saber que eso es cierto-

La sonrisa que me dedicó después, fue como un baño de magia pura, fue un trago de éxtasis puro, mil suspiros salieron de mi garganta. El aire no brotaba con facilidad hacia mis pulmones, pues esa sonrisa, paralizaba todo, el viento, la noche, mis miedos, mis demonios. Cada una de mis terminaciones nerviosas emitía electricidad, vibraban de alegría.

-¿Sabes?  Tú también eres fuerte, muchísimo, en tus ojos hay tantos miedos, y dolores… y sin embargo, esa armadura tuya que tienes, esas bonitas acciones que tienes, de consolar a la gente, de reconfortarla a pesar de tus inseguridades, te hacen increíblemente fuerte… eres una buena persona Lucía… me ha gustado mucho conocerte, al menos esta noche no será tan oscura-

Pude sentir cada gota de sangre subir hacia mis mejillas, pude sentir los nervios invadir mi cuerpo, y esas desesperadas y locas ganas de sonreír como tonta, invadieron mi ser.
¿Qué sabía yo? ¿Qué sabía yo acerca de aquél bendito sueño de ojos marrones? ¿Cómo iba a imaginar alguna vez la increíble y maravillosa persona que resultó ser? Mi subconsciente me sonrió dulcemente, aprobando aquél maravilloso encuentro, dándole la razón a esa hermosa sensación de paz, que mi alma sentía.

De pronto, los demonios quedaron olvidados, y las pesadillas quedaron enterradas en el rincón más oscuro de la noche, que ahora, comenzaba a desaparecer sutilmente, suavemente, dándole la bienvenida al hermoso amanecer… Poco a poco la noche se llevaba los restos de la noche, los restos de mis lágrimas y miedos, dejándome solo la paz, la esperanza, y un par de ojos marrones preciosos.

Miré a Michael, al sueño divino, admirándolo una vez más, apreciando su rostro, su hermosa sonrisa de diamantes, sus ojos de chocolates, y aquellos divinos rizos tan perfectos. Era una locura, una verdadera locura, que, justo en medio de mi abismo personal, en el punto máximo de mi agonía, aparece él, rescatándome, consolándome, con un par de perlas marrones, y una sonrisa de ángel, con una voz celestial.

-Ya va a amanecer- y un ruidoso suspiro salió de su linda boca de cereza-
-¿Debes irte?- me sorprendió la decepción y tristeza que embargó mi ser-
-Sí, supongo que sí, no creo que sea buena idea estar aquí, cuando el mundo empiece a funcionar de nuevo- dirigió su mirada hacia mí, con esa hermosa sonrisa que me derretía-
-Tienes razón… yo también debo irme, supongo-

Bajé la mirada a mis manos, y suspiré pesadamente, controlando aquella horrible sensación de pérdida, tratando de alejar de nuevo a la soledad que, poquito a poquito, comenzaba a romper mi burbuja de nuevo.
Él se puso de pié, y me tendió su mano. Lo miré durante unos segundos y sin dudarlo, tomé su mano, poniéndome de pie también. Volviendo a la realidad, regresando de aquella hermosa nube.

-¿necesitas ir a tu casa? Puedo llevarte, si quieres-dijo tímidamente, sacándome un suspiro-
-No, gracias, mi casa es muy cerca. Será mejor irme caminando-

¿Para qué? ¿Para qué alargar aquella tortura? ¿Para qué hacer más largo lo inevitable? Su desaparición. Su huída, su fuga… Sería mejor terminar aquí, será mejor, que el sueño termine donde comenzó, y que la nube desaparezca donde se creó.

-Oh, bueno. Entonces, me marcho… Lucía, gracias en verdad. Yo se que las hadas de la noche, te han mandado, para darle un poco de luz a la noche, para cerrar un poco aquel abismo en el que comenzaba a hundirme, gracias- y la ternura de su mirada, casi me desarma, casi me deshace-
-No Michael, has sido tú el que ha hecho todo ¿vez? Estaba a punto de morir ahogada en mi misma, y si no fuera por ti, probablemente hoy no habría Lucía-

Sonrió tímidamente, y me dedicó aquella hermosa mirada de chocolate, que comenzaba a adorar. Y sin previo aviso, sus brazos se ciñeron alrededor mío, y me fundió en un cálido y hermoso abrazo. Abrí mis ojos como platos, presa de la sorpresa que, poco a poco se fue transformando en dicha, en paz. Lo abracé también dulcemente, respirando profundamente su aroma, un delicioso aroma a perfección, a dulzura, a mariposas.
Lentamente y sin muchas ganas, me separé de él, de su perfecta chaqueta negra inundada de aquél maravilloso perfume.

-Gracias de nuevo, Lucía.-
-Michael… nos vemos, por favor, sigue así de brillante, brilla como nadie lo ha hecho-

Me sonrió de nuevo de aquella manera, que comenzaba a gustarme, y mucho. Dio media vuelta y se alejó, poco a poco, de mí, de nuestra burbuja, de aquella nube que él trajo para mí. Y la sensación de pérdida de hizo más fuerte entonces, los suspiros atorados en mi garganta comenzaron a salir, dejándome sin aliento, yéndose con él, con aquél hermoso sueño divino.

Cerré mis ojos por un momento, di media vuelta y comencé a alejarme también, apreciando los primeros rayos de sol, chocando contra mi espalda, iluminando el nuevo día que comenzaba a mostrar su rostro. Suspiré de nuevo, recordando aquella mirada, aquella sonrisa… aquella voz… y sonreí de nuevo.

Supe entonces, que pasara el tiempo que pasara, el recuerdo de Michael siempre quedaría en mi memoria, siempre estaría ahí, estancado en mi alma, en mi mente, recordándolo cuando sea necesario, cuando me hiciese falta una mirada tierna, una sonrisa perfecta… ahí lo tendría.


Supe entonces, que pasara el tiempo que pasara, el recuerdo de Michael siempre quedaría en mi memoria, siempre estaría ahí, estancado en mi alma, en mi mente, recordándolo cuando sea necesario, cuando me hiciese falta una mirada tierna, una sonrisa perfecta… ahí lo tendría.

Seguí caminando por las frías calles de L.A, sonriendo como boba, como tonta. Suspirando, de vez en cuando.
SI, aquel día, iba a ser bueno… muy bueno, y todo gracias al chico de ojos marrones, todo gracias a  Michael, Michael Jackson.


up